15.6.06

Oscuridad

Antesala (Eugenio Garcia ® 2006)

Naces cuando cerramos los ojos como una noche sin límite.
Naces pero eres el origen, la llama ciega que desde siempre palpitó.
Eres la verdad primera y última, el grado 0 de cuanto existe.
Por eso te tememos y poblamos tus dominios de infernales criaturas
y hacemos estallar la efervescencia de la luz en tus entrañas

En tiempos antiguos,
cuando Edison no inventaba aún la bombilla,
solo la lanza del fuego penetraba tus densidades
y vaciaba tu ojo opaco con su fulgor.
Ese fuego venía del sol por supuesto,
y de lejanas estrellas,
pero también de la traza contundente de un bólido
o de un rayo en el cielo desarmado.
A veces los marinos lo veían en sus mástiles
y le llamaban fuego de San Telmo.
Otras veces algunos incautos vieron su lumbre escapar de los sepulcros
y lo llamaron fuego fatuo.
Pero el fuego también surgía del vientre de la tierra
o del de una luciérnaga en noches de primavera.

En nuestros mitos Prometeo robo el fuego a los dioses
y por ello fue castigado.
Siempre los hombres consideraron que les eras nociva
y que debían combatirte.
Claro, eras la muerte misma y reinabas en el ataúd sellado.

Así, todo lo nefasto fue señalado con tu color
que no era uno.

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