25.9.12

Masificación

Con la dominación digital lo que hemos visto no es tanto la democratización de la fotografía (que la hay y no se puede negar), sino sobre todo su masificación mediante productos que duran cada vez menos, pero que antes de descomponerse o ser obsoletos han servido para producir una verdadera avalancha de imágenes sin ningún sello personal. Hoy es común ver legiones de personas con la misma cámara, haciendo el mismo tipo de foto de acuerdo a la misma estética, ésta muchas veces formateada por medio de programas de maquillaje tales como Instagram, programas que evidentemente no responden a ninguna intención expresiva personal, sino a un mero formalismo manierista y kitsh. De ahí también que hoy prosperen a nivel mundial esos “photowalks” donde hordas organizadas de fotógrafos descienden por calles y avenidas arrollando con sus lentes todo lo que se les ponga al frente y que suele ser lo mismo.

Quizás en reacción a ello hemos entrado en una aún más peligrosa pendiente donde lo que es funcional se conjuga con lo que es lujoso, extravagante y se pretende singular, a un punto tal que lo lujoso llega incluso a primar sobre lo funcional y eso sobre todo en marcas que tradicionalmente se habían distinguido por ser austeros fabricantes de instrumental fotográfico de la más alta calidad, tales como Leica o Hasselblad. Y no es que no sigan fabricando instrumentos maravillosos (en algunos casos), lo que pasa es que hoy más que nunca la ecuación se ha invertido y ya éstos aparatos no valen tanto por sus características como herramientas, sino como objetos de lujo que se exhiben con la función de extraer de la corriente masificadora a quien los lleva al cuello o los pone en vitrinas con temperatura y humedad regulada utilizando guantes de seda blanca. Hacer fotografías con ellos ha pasado a un segundo plano y en algunos casos jamás un instrumento de éstos llega a servir para lo que se suponía que había sido construido, sino más bien como un objeto que se compra con propósitos especulativos al subastarse luego por diez veces el costo inicial. Es así como vemos ediciones de lujo Hermes por Leica y Ferrari por Hasselblad; vemos cámaras hechas por reconocidos diseñadores de automóviles que se venden tan caro como si fueran lujosos coches, o vemos nuevos ricos chinos comprando máquinas fotográficas bañadas en oro a la gloria de la revolución del pueblo. Hemos entrado en un mundo donde lo que importa no es ser un fotógrafo de calidad exigente con el material que utiliza, o por lo menos uno de quien se admire su trabajo, sino básicamente un millonario al que le gustan las cámaras o bien un yuppi oportunista y especulador que se sirve de ellas para enriquecerse. Bienvenidos pues al nuevo comuno-capitalismo digital y kitch que se apoderó de la fotografía.

11.9.12

Límites a la democratización

Lo que se democratiza -relativamente- con el acceso a los instrumentos digitales es cierta práctica de la fotografía, no la excelencia de su ejecución ni el reconocimiento del talento, porque ésto solo se alcanza con trabajo muy arduo e inspirado, lo cual no responde a ningún criterio democratizador, a pesar de que ciertamente hoy haya más oportunidades para hacer y mostrar nuestras obras. 

6.9.12

El clavo

¿Qué sabe la gente? A veces cada foto es un reto y cada momento un enigma.  Se hace la foto, la gente la ve y les parece sin importancia... Nada... Aire... Como si fuera transparente. Y quizás lo sea, salvo que olvidan algo:  El reto fue ganado y el enigma resuelto porque de alguna manera se dio en el clavo.

3.9.12

Cacareos

La susodicha visión artística… La tan mentada y cacareada visón del poeta de la imagen.  La verdad cada vez desconfío más de eso y de quienes me vienen a vender el cuento del arte fotográfico como manifestación de la fina sensibilidad “del artista”.  Y confienzo que varias veces he sido yo vendedor del mismo. Hace poco fui a una mesa redonda donde se abordaba el tema de la situación de la fotografía en Costa Rica.  En ella se habló de todo, pero varios participantes trataron de señalar, recurrentemente, las diferencias que hay entre el fotógrafo y el artista, y otros hablaban de modo equivalente de la diferencia que hay entre quien “toma” fotos y quien “hace” fotos.  Y sí claro, hay efectivamente gentes que toman fotos sin ton ni son, y sin ningún criterio, especialmente en ésta época digital, pero hay también quien siendo artista serio toma fotos del mismo modo, o bien humildes fotógrafos que hacen arte serio.  Además, decir que ciertas fotografía “se toman” introduce un peligroso equívoco tácito con respecto a un tipo de fotografía que es muy espontánea, tal como la callejera, que de ese modo puede verse relegada a una especie de fotografía de segunda categoría frente a la foto que “se hace”, principalmente en estudio. Con todo esto quiero decir que las distinciones no son tan fáciles finalmente y por eso no me convence la posición de quien practicando la fotografía no quiere que la encasillen dentro de la categoría de los fotógrafos, quizás por resultarle insuficiente y sospechosa. Y por otro lado me resulta demasiado cómoda la posición de quien diciendo que solo es un fotógrafo, pretende evitar así las responsabilidades que derivan de la producción de una obra artística, sobre todo en lo referente a la confrontación con alguna forma de crítica y la continuidad y compromiso con una línea de trabajo.  La verdad es que no hay diferencias… Cualquier género fotográfico puede llegar a cimas artísticas.  El fotógrafo es siempre un artista, y el artista que hace fotos es también un fotógrafo. 

Más allá de eso lo que hay son buenos, regulares y malos fotógrafos que hacen una fotografía más o menos artística. Lo que cuestiono es que ésta sea practicada exclusivamente por los que se hacen llamar artistas y no simplemente fotógrafos, porque al establecer esa jeraquía antojadiza colateralmente descendemos un paso aún más abajo en el desprestigio de una actividad que desde hace tiempo ha entrado en crisis y pasado a menos.  Apelar al trabajo y currículo de “artistas” que utilizan (a veces muy mal) la fotografía como un medio entre otros, no me parece la vía principal para dignificarla; lo mismo aplica cuando se pretende brindarle legitimidad invocando modas y prácticas nacidas fuera de su seno, tales como el llamado “arte conceptual”.  Somos los propios fotógrafos los que debemos luchar por darnos nuestro espacio y esto a partir del respaldo que suponen nuestras obras y la historia de nuestra práctica, las únicas cosas que en realidad cuentan a ese respecto.