26.12.07

23.12.07

19.12.07

Edades y soledades III: Precarias amistades




En este mundo marginal la solidaridad y la amistad vienen principalmente de adentro. Pero también el desprecio, como si el otro fuera el fiel reflejo de una situación intolerable que no es más que la propia.

Los vagones son amplios y suelen recibir gentes que están solo de paso. No con todas ellas pude intimar tan bien como con Don Álvaro, sin embargo quedan algunas fotografías que testimonian de la confianza con que me trataron estas personas. En esta tercera parte de la serie incluyo no solo aquellas fotos que quedaron bien técnicamente, sino también algunas que si bien están algo desenfocadas o no muy bien encuadradas, capturan con espontaneidad ciertos momentos elocuentes.




Todas las imágenes fueron tomadas en Golfito en noviembre del 2007

10.12.07

Edades y soledades II: Francisco

Ex guerrillero sandinista durante catorce años. En Jinotepe seis trozos de muerte se lo quisieron llevar del brazo y lo dejaron marcado para siempre con igual número de cicatrices en la piel -y quién sabe cuántas más en el alma-, probando que la parca tiene seis colmillos en sus fauces poderosas o al menos seis dedos desgarradoredores en sus manos insaciables.



Francisco hoy vive el infierno del alcoholismo y quizás el de la drogadicción. Como Don Álvaro, él también es habitante del tren... de ese negro caballo de hierro que ya no galopa hacia ningún lado, congelado en el tiempo y en el vaho húmedo, pegajoso y asfixiante del calor golfiteño, oxidándose bajo un hangar tan derruido como sus pasajeros, quienes jamás compraron boleto para semejante viaje.

Todas las imágenes fueron tomadas en Golfito en noviembre del 2007

7.12.07

Edades y soledades I: Don Álvaro

Arisco y huidizo pero muy tierno, así es don Álvaro. Me costó tres viajes a Golfito, muchas horas de conversación y algunas “ayuditas” económicas y literarias, lograr que él se dejara fotografiar. Sí, no fue fácil, pero valió la pena. No tanto por las fotos (aunque estoy muy contento con todas ellas), sino sobretodo por la calidez de su trato y por su tertulia erudita. Es que don Álvaro es un gran lector. Tiene muchas referencias y su tema preferido es el religioso. Él te puede citar párrafos enteros de la Biblia sin haber sido jamás pastor o predicador, y con gravedad apocalíptica sostiene que un inminente y abierto contubernio entre Bush y el Papa señalará el fin de los tiempos (de ser así... ¡Se lo creo!). También conoce mucho de historia y sabe inglés. Sin embargo, en su vida no fue maestro ni cosa semejante, sino que ejerció múltiples oficios, en especial el de estibador en los muelles de Golfito, en tiempos de la compañía bananera, antes de que se fuera sin más, dejando a toda la zona en una crisis económica de la cual todavía no se repone.

Con más de setenta años a cuestas y huellas aún visibles de una corpulencia ganada a punta de quién sabe cuántos estañones de sudor sacrificados a su trabajo, Don Álvaro es el maquinista ficticio de un tren que también perteneció a la compañía bananera y que hoy se pudre lentamente en la brisa salobre que sopla desde el Golfo Dulce (contradicciones entre el lenguaje y la realidad). La vieja locomotora de vapor es su hogar, él se la ha apropiado, la ha fortificado con alambre navaja, latas de zinc y cadenas. Ahí, alumbrado por la precaria claridad de una vela, lee sus libros en noches oscurísimas que no volverán a ser rasgadas por el ariete de luz que representaban los faros de aquella poderosa máquina hoy vencida por "el progreso". De día, don Álvaro baja con dificultad de su atalaya de hierro y sale a mendigar en los alrededores del parque, porque la pensionsita que recibe del gobierno no le alcanza para sobrevivir.


Todas las imágenes fueron tomadas en Golfito en noviembre del 2007