28.7.11

Tico street

En Costa Rica no es muy habitual la foto callejera, siendo la más común la foto paisajística y de naturaleza. Y no es que yo esté en contra de mostrar nuestras abundantes bellezas naturales, pero me parece que ese estilo de fotografía se roba demasiado el show y es prácticamente la única que se valora por éstas tierras, lo cual es una lástima cuando se piensa que nuestras calles podrían ser un verdadero paraíso para el fotógrafo callejero de no ser por la inseguridad que en ellas se vive.

27.7.11

Presencia

Una foto que captura el momento en que hay contacto visual en una escena callejera es también una escena callejera donde el acto fotográfico ha sido visto por el sujeto fotografiado. No es una foto tan pura como aquella donde el fotógrafo pasa desapercibido, pero sí es una foto que narra e introduce otra cosa a la realidad: la innegable presencia del fotógrafo en la calle.

26.7.11

Condición

La fotografía callejera, en su forma más depurada, es el arte de producir una imagen interesante en un único y bello disparo. Y para producirlas hay que recorrer las calles. Esa es su condición indispensable.

15.7.11

Riesgo

Siguiendo con el tema del post trasanterior: Claro, el riesgo de hacer las cosas sin pensar en lo que los demás dicen es que le llegue a caer en una especie de autocomplacencia o conformismo. Pero el mismo riesgo existe cuando se escucha a otros de forma indiscriminada. En realidad lo que debe hacer el artista es trabajar y estudiar mucho, porque es en esa actividad que su criterio se va a formar y va adquirir solidez y madurez.

12.7.11

Las altas soledades

Muchas de las que considero mis mejores fotos o al menos de las que más gustan o de las cuales me siento más satisfecho, ni me las imaginaba pocos segundos antes de hacerlas. También muchas de las que más me aburren (y no solo en mi propia producción) están hechas con un despliegue importante de “mise en scène” y por tanto de reflexión. Así me reafirmo en la idea de que la fotografía es para mí algo que tiene que ver más con la captura instintiva de momentos fugaces que con complicadas elaboraciones intelectuales, hoy tan de moda. Pero vayan a explicarle eso a un galerista o a uno de esos burócratas de la estética que organizan concursos y exposiciones. Si les dijera algo semejante lo más probable es que rechazarían de plano cualquier propuesta por antojadiza y carente de fundamentos… ¿Y cómo no?, si ellos están absolutamente necesitados del discurso del artista para justificar su puesto y su paga. Así que más de una vez al presentar fotos a gentes así, he debido inventarme “un rollo” discursivo que deja pálido a cualquiera de mis rollos analógicos. Por supuesto que otros siempre llegan con mejores andamios intelectuales y por eso mis fotos de todas maneras son a menudo descartadas. Un ejemplo de todo ello: La foto que encabeza ésta entrada la presenté en mi país al más reciente concurso de Valoarte (subasta artística para propósitos de beneficiencia -lo digo para los amigos extranjeros-) y que es de las que más éxito han tenido entre las que he subido a Flickr (siendo incluso escogida para el llamado “Explorer” o selección de las mejores fotos entre las miles que entran cada día), pues bien, contra mis infladas expectativas me fue devuelta sin siquiera un agradecimiento. Obviamente ésta es una foto sin discurso, es simplemente una que considero buena porque captó un momento fugaz con cierta poesía y refinamiento (además, en medio formato, es decir, ¡sale de un negativo 6x6! y por tanto tiene una resolución impresionante), algo que parece nunca entenderán los modernos jueces conceptuales, quienes, según me explicó un pajarito por ahí, son grandes especialistas de arte muy reconocidos internacionalmente y que los organizadores trajeron al país exclusivamente para la actividad.

Bien por ellos, pero por cosas como ésta es que digo que uno no debe nunca nunca preocuparse de lo que digan o no digan los demás de nuestras creaciones, ni en un sentido ni en otro. Lo importante es que nos satisfagan personalmente. Y de ésta fotografía es claro que estoy muy satisfecho. Por cierto, se llama "Las altas soledades" nombre que tomé prestado de una película de Philippe Garrel y que probablemente nunca devolveré.

10.7.11

Valor vivencial

Que la fotografía sea arte o no o para unos sí y para otros no, no tiene mucha importancia. Lo importante es que sea arte para quien la realiza. Hacer las cosas como uno las siente sin preocuparse tanto de cómo las reciban los demás debe ser siempre la norma. Es en la ejecución misma de lo que uno hace donde está su valor máximo, que es el valor vivencial.

9.7.11

Firmas

Siempre firmo mis fotos. La firma puede parecer un acto pedante en fotografía o centrado en una forma de egolatría artística, pero espero que en mi caso no obedezca a esas razones. Yo las firmo ante todo como un acto de rebeldía ante esa especie de inconsciencia amorfa y generalizada que raramente llega a darse cuenta de que detrás de cada fotografía hay un fotógrafo… Una persona que posiblemente esté dedicando su vida al cultivo de esa actividad que a muchos parece una forma menor de expresión y que para mí puede llegar a ser una de las formas de arte más sublimes que existan. En definitiva, yo firmo mis fotos como una forma de militantismo en pro de cierta forma de considerar a la fotografía y a los fotógrafos. Pero al mismo tiempo se trata de un militantismo discreto puesto que siempre trato de que esa firma no sea muy visible.