4.9.10

Disparar e irse... pero muy lejos (1-El humo/r de la turista)

El fin de semana pasado me ocurrió algo que nunca me había ocurrido hasta el momento. Estaba haciendo fotografías callejeras en un mercado de artesanías cuando observé una muchacha muy joven fumando un grueso habano. La escena me llamó la atención por lo particular que resultaba y decidí fotografiarla. Luego de esperar un rato a que ella estuviera en un ángulo propicio, levanté mi cámara y disparé. Todo ocurrió muy rápido porque tenía la cámara parametrada para hacer la toma de ese modo. Yo no vi que la muchacha se diera cuenta, pero aún así decidí hacer lo que recomendaba Cartier-Bresson: “disparar e irse cuanto antes”. Pero tampoco fui muy lejos, me alejé quizás unos 50 metros en dirección de una plaza. Ahí me detuve a observar otra escena que me llamó mucho la atención y cuando ya me disponía a fotografiarla, para mi gran sorpresa la muchacha del habano llegó por mis espaldas y me interrumpió preguntándome si podía ver la foto que acaba de hacerle. Le dije que lamentablemente no porque la cámara era analógica y entonces ella, sensiblemente disgustada, comenzó a decirme que me podía demandar por haberle hecho una foto sin su permiso. Yo le dije que no creía que eso fuera posible, puesto que estaba en un lugar público, pero aún así siguió con una letanía de reclamos diciéndome que había hecho muy mal, que debí haberle pedido permiso, que si se lo hubiera pedido habría aceptado con gusto. Comencé a sentirme como un paparazzi arrepentido mientras le explicaba que las fotos posadas a menudo no eran las mejores. Ella me dijo que sabía eso porque también sabía de fotografía, pero que de todas formas debí haberle pedido permiso e insistió en que tenía que destruir esa foto so pena de demanda. Ella tenía un acento extraño (como de gringa sin serlo completamente) y cuando picado por la curiosidad le pregunté de dónde era, ella me respondió que mexicana (raro… "será mexicana chicana” pensé sin ninguna intención peyorativa). Le dije entonces que en cada país la legislación era diferente y que en Costa Rica yo no creía que fuera posible establecer una demanda por esa causa. Como siguió insistiendo con lo del permiso, le pregunté entonces si ella esperaba que yo sacara el rollo de la cámara destruyendo igualmente las diez fotos anteriores que había hecho. Sin el menor asomo de compasión por mi trabajo me dijo que sí. Para quitarme de encima a la ofendida y seguir con mi trabajo (porque ya estaba perdiendo la estupenda escena que había visto), terminé disculpándome y diciéndole que en cuanto revelara la película destruiría su foto, pero que no esperara que yo fuera a asesinar mis otras fotos. Entonces ella dio media vuelta y se fue, pero ya era demasiado tarde: la escena que quería fotografiar ya no estaba ahí… la había perdido por la distracción que me causó la turista. Fue "una por otra" como suele suceder en esos casos. Sin embargo, el incidente me dejó pensando en el llamado “derecho de imagen”, pero dejo para el siguiente post mis reflexiones al respecto.

2 comentarios:

Silvia Piranesi dijo...

no le dijiste: "jalá bañaza" ?
jajaja

Quimera dijo...

Jajaja... hubiera estado bueno.