10.10.11

Por calles y avenidas

Siendo un hombre de imágenes, más que de palabras, cuando me toca hablar en público me cuesta un poco hilvanar las ideas. Por eso algunas veces recurro al viejo método de reflexionarlas y articularlas en un discurso previamente escrito. El siguiente es el texto que leí hace exactamente una semana con ocasión de la inauguración de mi exposición "Por Calles y Avenidas", la cual presento en la Galería José Luis López Escarré del Teatro Nacional hasta el 9 de diciembre próximo.

"Se puede decir de forma muy esquemática que existen dos grandes tipos de fotógrafos: Por un lado están quienes retratan sus visiones o sueños a través de puestas en escena o de intervenciones importantes sobre el material fotográfico (trátese de equipo, archivos digitales o negativos) y de otra parte están aquellos, entre los que me incluyo, que retratamos de forma más o menos fiel “los sueños” que nos presenta la realidad –esa cosa tan escurridiza en cuanto sustancia o concepto-. A pesar de ésta distinción un tanto arbitraria (porque las fronteras a veces no están muy bien delimitadas), creo que ambos tipos de fotógrafos, en el fondo, trabajamos lo mismo: diversas dimensiones de una única e indivisible realidad. Y por ello no pienso que unos sean mejores que otros o más profundos en su aproximación. Tanto Lo que captura el fotógrafo “de estudio” como aquello que retrata el fotógrafo callejero o el documental o el naturalista, son aspectos parciales de la gran realidad en la que nos encontramos todos. Sencillamente, quien se dedica a crear una imagen con un máximo de control sobre los elementos que fotografía, responde a aquello que le llama más la atención o sabe mejor hacer. Del mismo modo, quienes nos dedicamos a retratar lo que nos muestra la realidad externa, tal como la vemos en las calles o en la naturaleza, lo hacemos porque algo íntimo y muchas veces oscuro nos impulsa a ello y traicionarlo sería traicionarnos a nosotros mismos. Creo que pisamos aquí el terreno de lo puramente vocacional. Y como yo no quiero fallarle a ese impulso entonces tomo mi cámara y me voy por calles, callejuelas, parques, o grandes avenidas en busca de ese instante que me dice algo por sus implicaciones o por su particular poesía y trato de capturarlo. Ciertas veces lo logro y otras no, pero eso es inevitable… Lo real humano, la materia misma con la que trabajo, es sumamente cambiante y efímera. Lo que por un segundo estuvo ahí al siguiente desaparece. Pero si entretanto tuve la suerte de capturarlo, entonces nace la fotografía para mí y al ocurrir eso prolongo de alguna manera la vida de aquello que tuvo lugar frente a mis ojos…. Conservo por lo menos su huella visual. Pero eso no es suficiente, luego viene el momento de compartirlo para darle un sentido más social que es inherente al fenómeno artístico. Precisamente las exposiciones responden a esa necesidad de compartir aquello que uno ha creado y que es como una ofrenda que se entrega a los demás.

Una exposición de fotografía lleva bien su nombre… Uno se expone de algún modo al escrutinio público como la película o el sensor de una cámara se expusieron antes a la luz… Lo que era una mirada íntima se vuelve cosa externa. Una parte de sí, hasta entonces sumergida en las aguas de la propia experiencia sale a flote donde cada cual puede verla y juzgarla. Es un nuevo revelado. Pero una cosa es ver aquello que se tiene delante de los ojos y otra muy diferente captar su intención (me refiero a la del fotógrafo). El sentido que le hemos dado a tal o cual imagen sigue siendo una parcela no expuesta de nuestra experiencia y así permanecerá siempre ya que su naturaleza es invisible, y vive solo en nuestro entendimiento. Claro, siempre puedo tratar de explicar aquello que tiene sentido para mí, pero no puedo exponerlo de forma objetiva como expongo una fotografía. La razón de ser de éstas surge únicamente en mi fuero individual como una evidencia y no depende de ningún discurso previo o posterior. Máxime que lo que yo pueda explicar sobre mi obra está dictado por mi sensibilidad individual y no necesariamente otros la comprenderán o verán en ella (en las fotos) algo que les resulte interesante… Atractivo… O que haga eco. Y también depende de mi capacidad de traducir en palabras lo que son únicamente meras emociones o percepciones internas. Entonces las fotografías, en una exposición, salen desligadas de aquel significado real e intransmisible que su autor les asigna y parten a la búsqueda de otra mirada que las llene de sentido. Tal cosa es muy paradójica, porque aquello que las originó, se queda con el autor. En esas condiciones soy bastante reservado sobre la posibilidad de que otra persona vea en tal o cual foto aquello mismo que yo pienso la hace valiosa. Y no se trata de decir que yo como fotógrafo vea más que otros, no, sino simplemente de dar a entender que aquello que nos conmueve personalmente y que es legítimo y válido para cada cual… Para cada uno de nosotros, es lo que funda nuestra propia y particular visión. Y esa visión no es ni más ni menos que el filtro con el que discernimos aquello que nos resulta relevante.

Hoy que tengo el privilegio de inaugurar ésta nueva muestra que he bautizado “Por calles y avenidas”, mis fotografías salen al mundo con la misión de encontrar una interpretación a través de la visión de cada uno de ustedes. Que lo logren o no es una etapa sobre la que no tengo ningún control. En todo caso espero que éstas imágenes que ya no son solo mías, sino también de todos ustedes cuando se las apropien con la mirada, encuentren rada en aquellos que las sepan interpretar a su modo y quizás apreciar tanto como yo las aprecio, porque ellas son como hijas para mí… Son finalmente partes de mí que exteriorizo… Imágenes de mi propia existencia y de mi memoria".

No hay comentarios.: