1.12.10

Conquistas

Hubo una época en que la foto hablaba siempre del pasado, ese era su referente natural directo y lo reinvindicaba como tal. La técnica misma, desde el momento de la toma, imprimía una huella en la foto, casi una marca de agua, haciendo de esa imagen una imagen de lo que se inscribía en determinado período y solo en él. Con el tiempo, además, la foto iba sufriendo un desgaste porque no existía de otro modo más que en un papel que gradualmente iba cambiando sus tonos, o se iba enmoheciendo, rayando o arrugando. Poco a poco la foto envejecía y eventualmente moría. La foto fijaba algo del tiempo pero lo ofrecía al tiempo, sin sacarlo de él. Sin embargo, desde el advenimiento de las tecnologías digitales es como si el tiempo se hubiera congelado totalmente… como si pasado y presente fueran la misma cosa o bien estados temporales intercambiables. Ahora las imágenes aspiran a ser siempre perfectas, a no sufrir ningún desgaste, a vivir en el eterno presente de lo virtual. Tampoco hay huellas de lente porque hoy todas las ópticas se parecen. Todo es “super clean” y ya no hay nada inscrito en la foto que nos glose sobre el paso de los años.

Quizás fue por algo semejante que durante el mundial de futbol me chocó ver por la televisión a Iniesta (el jugador que metió el gol decisivo que convirtió a España en campeón mundial) cuando lo entrevistaron siendo aún un niño y decía que deseaba convertirse en jugador profesional de futbol. Me chocó porque la entrevista se había grabado con una cámara digital y nada delataba su época pretérita... parecía una imagen hecha el mismo día de la final. A mí me hubiera gustado sentir el valor de documento antiguo pero no sentí nada semejante. Claro, eso no era fotografía, sino video, pero algo equivalente sucede con las fotos producidas por las modernas cámaras fotográficas. Hoy su conquista sobre el tiempo es total, pero por eso mismo es menos vital… solo la muerte conquista así.

No hay comentarios.: