22.4.11

Cavernícolas

Más allá de la gama tonal, de la granularidad, de la resolución, del detalle y la nitidez y en general más allá de todos los aspectos puramente técnicos que interactúan para obtener un resultado fotográfico, está la narrativa… El punto de vista del fotógrafo y su relación con el entorno y con el momento (personal e histórico) que le toca vivir. La técnica evoluciona con el tiempo, pero la emoción del artista presente en una imagen a través de su narrativa es atemporal (porque queda congelada para siempre) y es eso lo que verdaderamente le da valor primordial.

Hoy mucha gente parece deslumbrada por los avances técnicos y por eso confunden ese terreno con el de la estética, llegando incluso a hacer aplicaciones retroactivas abusivas de criterios técnicos. Es así como he visto anonadado como algunos llegan, por ejemplo, a servirse de los parámetros actuales para juzgar como “malas” fotos de los años 20. Con el perdón de quienes así piensan, pero eso me parece una solemne tontería. Es como decir que una pintura rupestre es mala porque sus ejecutantes no tenían una buena técnica de dibujo o bien no dominaban la perspectiva. Es más, puesto que hoy en día disponemos un amplio arsenal de técnicas y en el campo de las artes dichosamente prima el eclecticismo y la libertad (que se viene desarrollando con gran fuerza por lo menos desde principios del siglo XX, sino antes), no es para nada ilegítimo pintar incluso como lo hacían los cavernícolas, o como niños… O bien hacer fotos con equipo de los años 20 e imprimirlas digitalmente, si es eso lo que conviene a la expresión artística de cada cual.

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