Eugenio García. - View my most interesting photos on Flickriver

29.11.11

Concepto

Lo interesante e irónico con la foto callejera y la forma como es vista por sus detractores conceptualistas es que detrás de toda buena foto callejera hay un sólido concepto. Los conceptualistas parecen negarlo porque no está implementado de la forma que ellos acostumbran, pero indudablemente está ahí, articulado en un lenguaje diferente.

5.11.11

Creatividad

La buena foto callejera no reproduce simplemente lo que ve… sino que es creativa. En la imagen misma se crean, por composición y encuadre, relaciones que solo existen en ella, no en la realidad. Ahí reside el trabajo poético del fotógrafo.

Y si además la foto es en blanco y negro, se trata de una foto que aspira a una belleza puramente fotográfica y no a simular una realidad que solo existe en colores.

25.10.11

Oquedad

¿Cómo puede alguien dejarse decir a éstas alturas “del partido” que la foto callejera es un género pasado de moda e históricamente caduco? ¡Qué desacierto! Si la calle es una forma de moda, es decir, participa de ese constante devenir y transfiguración. Ya alguien lo dijo… Lo único que no pasa de moda es la moda ¿Cómo podría entonces la fotografía renunciar a documentar ésta metamorfosis y las particularidades de su tiempo? Ignorar ésto es desconocer una de las funciones esenciales del arte fotográfico. Y si no es ignorancia pues entonces es una posición sumamente pretenciosa… ¿Será por azar que viene de un “artista conceptual”?

La idea que funda cierta crítica de la fotografía callejera es que la misma supuestamente solo se dedica a reproducir o hacer una copia de la realidad, como si ella no fuera creativa, o en última instancia como si ese proceso de “copiar” la realidad fuera puramente mecánico. Esa idea es absolutamente falsa. La buena fotografía callejera es creativa por su visión, su técnica, y sus implicaciones poéticas o narrativas. Y quien me venga a decir lo contrario tendrá que demostrarlo, no sencillamente dejarse decir frases huecas.

13.10.11

Trinomio

Sigo trabajando el blanco y negro analógico con cámaras viejas porque en muchos casos los resultados que me da son los que mejor se adaptan a aquello que busco expresar en mis fotos. Pienso que en las mismas no se trata solo de ver cuál es su tema, sino cómo ese tema se resuelve con la particular tecnología utilizada. Ese un binomio expresivo que se complementa con un tercer elemento que está afuera de la imagen y que consiste en la forma en que se articulan esas fotos en una muestra si es que han de ser expuestas. Una foto crea resonancias de sentido que se reflejan en la foto siguiente como la luz descompuesta por los cristales se refleja en su entorno, creando ecos y variaciones diversas. De ahí la belleza de una exposición donde tenemos la oportunidad de mirar unas fotos tras otras y capturar nuevos sentidos. Una buena exposición es en definitiva una galería de fragmentos de alma vueltos secuencia poética.

12.10.11

La exposición como escritura

Montar una exposición de fotografía callejera equivale de alguna manera a ejercer un arte literario. Uno hace ese tipo de fotos y va recolectando imágenes de aquí y de allá que a menudo poco o nada tienen que ver entre sí, pero si se han de exponer juntas entonces es recomendable tratar de articularlas como se articulan en un texto las palabras, porque de otro modo solo se exhibiría un desconcertante amasijo de escenas. Esto quiere decir que armar una exposición implica imbuir de un sentido, a menudo extremamente sutil, un conjunto heteróclito de obras que por sí solas no presentan tal contenido. Pero es una labor más semejante a la del poeta que a la del narrador, dada la libertad con que se juega con las imágenes-palabras.

10.10.11

Por calles y avenidas

Siendo un hombre de imágenes, más que de palabras, cuando me toca hablar en público me cuesta un poco hilvanar las ideas. Por eso algunas veces recurro al viejo método de reflexionarlas y articularlas en un discurso previamente escrito. El siguiente es el texto que leí hace exactamente una semana con ocasión de la inauguración de mi exposición "Por Calles y Avenidas", la cual presento en la Galería José Luis López Escarré del Teatro Nacional hasta el 9 de diciembre próximo.

"Se puede decir de forma muy esquemática que existen dos grandes tipos de fotógrafos: Por un lado están quienes retratan sus visiones o sueños a través de puestas en escena o de intervenciones importantes sobre el material fotográfico (trátese de equipo, archivos digitales o negativos) y de otra parte están aquellos, entre los que me incluyo, que retratamos de forma más o menos fiel “los sueños” que nos presenta la realidad –esa cosa tan escurridiza en cuanto sustancia o concepto-. A pesar de ésta distinción un tanto arbitraria (porque las fronteras a veces no están muy bien delimitadas), creo que ambos tipos de fotógrafos, en el fondo, trabajamos lo mismo: diversas dimensiones de una única e indivisible realidad. Y por ello no pienso que unos sean mejores que otros o más profundos en su aproximación. Tanto Lo que captura el fotógrafo “de estudio” como aquello que retrata el fotógrafo callejero o el documental o el naturalista, son aspectos parciales de la gran realidad en la que nos encontramos todos. Sencillamente, quien se dedica a crear una imagen con un máximo de control sobre los elementos que fotografía, responde a aquello que le llama más la atención o sabe mejor hacer. Del mismo modo, quienes nos dedicamos a retratar lo que nos muestra la realidad externa, tal como la vemos en las calles o en la naturaleza, lo hacemos porque algo íntimo y muchas veces oscuro nos impulsa a ello y traicionarlo sería traicionarnos a nosotros mismos. Creo que pisamos aquí el terreno de lo puramente vocacional. Y como yo no quiero fallarle a ese impulso entonces tomo mi cámara y me voy por calles, callejuelas, parques, o grandes avenidas en busca de ese instante que me dice algo por sus implicaciones o por su particular poesía y trato de capturarlo. Ciertas veces lo logro y otras no, pero eso es inevitable… Lo real humano, la materia misma con la que trabajo, es sumamente cambiante y efímera. Lo que por un segundo estuvo ahí al siguiente desaparece. Pero si entretanto tuve la suerte de capturarlo, entonces nace la fotografía para mí y al ocurrir eso prolongo de alguna manera la vida de aquello que tuvo lugar frente a mis ojos…. Conservo por lo menos su huella visual. Pero eso no es suficiente, luego viene el momento de compartirlo para darle un sentido más social que es inherente al fenómeno artístico. Precisamente las exposiciones responden a esa necesidad de compartir aquello que uno ha creado y que es como una ofrenda que se entrega a los demás.

Una exposición de fotografía lleva bien su nombre… Uno se expone de algún modo al escrutinio público como la película o el sensor de una cámara se expusieron antes a la luz… Lo que era una mirada íntima se vuelve cosa externa. Una parte de sí, hasta entonces sumergida en las aguas de la propia experiencia sale a flote donde cada cual puede verla y juzgarla. Es un nuevo revelado. Pero una cosa es ver aquello que se tiene delante de los ojos y otra muy diferente captar su intención (me refiero a la del fotógrafo). El sentido que le hemos dado a tal o cual imagen sigue siendo una parcela no expuesta de nuestra experiencia y así permanecerá siempre ya que su naturaleza es invisible, y vive solo en nuestro entendimiento. Claro, siempre puedo tratar de explicar aquello que tiene sentido para mí, pero no puedo exponerlo de forma objetiva como expongo una fotografía. La razón de ser de éstas surge únicamente en mi fuero individual como una evidencia y no depende de ningún discurso previo o posterior. Máxime que lo que yo pueda explicar sobre mi obra está dictado por mi sensibilidad individual y no necesariamente otros la comprenderán o verán en ella (en las fotos) algo que les resulte interesante… Atractivo… O que haga eco. Y también depende de mi capacidad de traducir en palabras lo que son únicamente meras emociones o percepciones internas. Entonces las fotografías, en una exposición, salen desligadas de aquel significado real e intransmisible que su autor les asigna y parten a la búsqueda de otra mirada que las llene de sentido. Tal cosa es muy paradójica, porque aquello que las originó, se queda con el autor. En esas condiciones soy bastante reservado sobre la posibilidad de que otra persona vea en tal o cual foto aquello mismo que yo pienso la hace valiosa. Y no se trata de decir que yo como fotógrafo vea más que otros, no, sino simplemente de dar a entender que aquello que nos conmueve personalmente y que es legítimo y válido para cada cual… Para cada uno de nosotros, es lo que funda nuestra propia y particular visión. Y esa visión no es ni más ni menos que el filtro con el que discernimos aquello que nos resulta relevante.

Hoy que tengo el privilegio de inaugurar ésta nueva muestra que he bautizado “Por calles y avenidas”, mis fotografías salen al mundo con la misión de encontrar una interpretación a través de la visión de cada uno de ustedes. Que lo logren o no es una etapa sobre la que no tengo ningún control. En todo caso espero que éstas imágenes que ya no son solo mías, sino también de todos ustedes cuando se las apropien con la mirada, encuentren rada en aquellos que las sepan interpretar a su modo y quizás apreciar tanto como yo las aprecio, porque ellas son como hijas para mí… Son finalmente partes de mí que exteriorizo… Imágenes de mi propia existencia y de mi memoria".

9.9.11

Convergencia

Los Angeles, 2009. Foto de Severin Koller

En foto callejera no cualquier momento es bueno, como tampoco lo es cualquier situación, ni cualquier encuadre o escogencia técnica. Lo que le da valor a una foto de éste tipo es una convergencia en la excelencia de todos esos aspectos y es eso lo que diferencia una buena foto de “street” de una foto banal o mediocre... De ahí también su dificultad. La foto que encabeza éste post se le debe Severin Koller y es para mí uno de los más maravillosos ejemplos de foto callejera contemporánea que conozco. Sirva pues para ilustrar lo antes dicho.


16.8.11

Encuentro

A veces hago una salida de tres o cuatro horas y regreso a la casa sin una sola foto, otras veces lo hago con un rollo completo. Con la fotografía callejera todo es cuestión de suerte y actitud. Pero aunque no haya hecho ninguna foto lo más importante fue lo experimentado: Salir a mirar con ojo avizor nuestro entorno y nuestras gentes... Nuestras calles y ciudades…. Experimentar un encuentro con la vida más allá de nuestros espacios habituales y de la cámara.

5.8.11

Impresiones

La calidad técnica en fotografía es algo que me impresiona cada vez menos porque la técnología ha llegado a un punto de evolución y de excelencia difíciles de superar y ésta última comienza a ser muy corriente incluso en equipos para el gran público. Flickr por ejemplo está repleto de fotos excelentes desde un punto de vista puramente técnico. En cambio lo que podríamos llamar “la poesía” en la imagen es una cosa rara y es ella la que realmente puede llegar a impresionarme más.

28.7.11

Tico street

En Costa Rica no es muy habitual la foto callejera, siendo la más común la foto paisajística y de naturaleza. Y no es que yo esté en contra de mostrar nuestras abundantes bellezas naturales, pero me parece que ese estilo de fotografía se roba demasiado el show y es prácticamente la única que se valora por éstas tierras, lo cual es una lástima cuando se piensa que nuestras calles podrían ser un verdadero paraíso para el fotógrafo callejero de no ser por la inseguridad que en ellas se vive.

27.7.11

Presencia

Una foto que captura el momento en que hay contacto visual en una escena callejera es también una escena callejera donde el acto fotográfico ha sido visto por el sujeto fotografiado. No es una foto tan pura como aquella donde el fotógrafo pasa desapercibido, pero sí es una foto que narra e introduce otra cosa a la realidad: la innegable presencia del fotógrafo en la calle.

26.7.11

Condición

La fotografía callejera, en su forma más depurada, es el arte de producir una imagen interesante en un único y bello disparo. Y para producirlas hay que recorrer las calles. Esa es su condición indispensable.

15.7.11

Riesgo

Siguiendo con el tema del post trasanterior: Claro, el riesgo de hacer las cosas sin pensar en lo que los demás dicen es que le llegue a caer en una especie de autocomplacencia o conformismo. Pero el mismo riesgo existe cuando se escucha a otros de forma indiscriminada. En realidad lo que debe hacer el artista es trabajar y estudiar mucho, porque es en esa actividad que su criterio se va a formar y va adquirir solidez y madurez.

12.7.11

Las altas soledades

Muchas de las que considero mis mejores fotos o al menos de las que más gustan o de las cuales me siento más satisfecho, ni me las imaginaba pocos segundos antes de hacerlas. También muchas de las que más me aburren (y no solo en mi propia producción) están hechas con un despliegue importante de “mise en scène” y por tanto de reflexión. Así me reafirmo en la idea de que la fotografía es para mí algo que tiene que ver más con la captura instintiva de momentos fugaces que con complicadas elaboraciones intelectuales, hoy tan de moda. Pero vayan a explicarle eso a un galerista o a uno de esos burócratas de la estética que organizan concursos y exposiciones. Si les dijera algo semejante lo más probable es que rechazarían de plano cualquier propuesta por antojadiza y carente de fundamentos… ¿Y cómo no?, si ellos están absolutamente necesitados del discurso del artista para justificar su puesto y su paga. Así que más de una vez al presentar fotos a gentes así, he debido inventarme “un rollo” discursivo que deja pálido a cualquiera de mis rollos analógicos. Por supuesto que otros siempre llegan con mejores andamios intelectuales y por eso mis fotos de todas maneras son a menudo descartadas. Un ejemplo de todo ello: La foto que encabeza ésta entrada la presenté en mi país al más reciente concurso de Valoarte (subasta artística para propósitos de beneficiencia -lo digo para los amigos extranjeros-) y que es de las que más éxito han tenido entre las que he subido a Flickr (siendo incluso escogida para el llamado “Explorer” o selección de las mejores fotos entre las miles que entran cada día), pues bien, contra mis infladas expectativas me fue devuelta sin siquiera un agradecimiento. Obviamente ésta es una foto sin discurso, es simplemente una que considero buena porque captó un momento fugaz con cierta poesía y refinamiento (además, en medio formato, es decir, ¡sale de un negativo 6x6! y por tanto tiene una resolución impresionante), algo que parece nunca entenderán los modernos jueces conceptuales, quienes, según me explicó un pajarito por ahí, son grandes especialistas de arte muy reconocidos internacionalmente y que los organizadores trajeron al país exclusivamente para la actividad.

Bien por ellos, pero por cosas como ésta es que digo que uno no debe nunca nunca preocuparse de lo que digan o no digan los demás de nuestras creaciones, ni en un sentido ni en otro. Lo importante es que nos satisfagan personalmente. Y de ésta fotografía es claro que estoy muy satisfecho. Por cierto, se llama "Las altas soledades" nombre que tomé prestado de una película de Philippe Garrel y que probablemente nunca devolveré.

10.7.11

Valor vivencial

Que la fotografía sea arte o no o para unos sí y para otros no, no tiene mucha importancia. Lo importante es que sea arte para quien la realiza. Hacer las cosas como uno las siente sin preocuparse tanto de cómo las reciban los demás debe ser siempre la norma. Es en la ejecución misma de lo que uno hace donde está su valor máximo, que es el valor vivencial.

9.7.11

Firmas

Siempre firmo mis fotos. La firma puede parecer un acto pedante en fotografía o centrado en una forma de egolatría artística, pero espero que en mi caso no obedezca a esas razones. Yo las firmo ante todo como un acto de rebeldía ante esa especie de inconsciencia amorfa y generalizada que raramente llega a darse cuenta de que detrás de cada fotografía hay un fotógrafo… Una persona que posiblemente esté dedicando su vida al cultivo de esa actividad que a muchos parece una forma menor de expresión y que para mí puede llegar a ser una de las formas de arte más sublimes que existan. En definitiva, yo firmo mis fotos como una forma de militantismo en pro de cierta forma de considerar a la fotografía y a los fotógrafos. Pero al mismo tiempo se trata de un militantismo discreto puesto que siempre trato de que esa firma no sea muy visible.

18.6.11

Bautizos

Me gusta bautizar mis fotos. Bautizarlas, aunque sea con un nombre ordinario, evidente o aún estúpido, les da un toque más personal que digamos “img_4201”, lo cual me parece algo patético. Muchos fotógrafos ni siquiera se toman la molestia de cambiar esos números que da la cámara automáticamente cuando suben sus imágenes a Flickr, por ejemplo. Otros no les ponen nombre o bien un simple asterisco o símbolo semejante, quizás lo hacen con un afán purista, pero a mí tal cosa no me interesa mucho, así que seguiré bautizando mis fotos.

16.6.11

En la balanza

¿Qué no me ofrece la tecnología analógica? Versatilidad, rapidez, exactitud, resolución. ¿Con qué me compensa y recompensa esas insuficiencias? Con un disfrute mucho mayor de las fotos exitosas.

28.5.11

Alma virtual

Con la técnica digital la fotografía perdió su alma tradicional: el negativo. Alma quizás invisible para muchos, pero real para el fotógrafo. Y esa pérdida, quiérase o no, se siente de algún modo, particularmente si se tiene en cuenta que el negativo era, sobre todo, la verdadera foto de la cual la copia impresa no es más que un doble invertido. Hoy en día, cuando esa entidad “esotérica” ha desaparecido de forma tan masiva, se puede decir que la foto también perdió misterio. Ahora lo que existe es solamente un molde binario incapaz de vivir una vida fotográfica autónoma, es decir, una matriz informática que es idéntica a sus copias. Por eso ya no hay una dimensión física íntima en la fotografía y la que existía fue suplantada por una dimensión puramente virtual.